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Parashat Tzav:
Vaikrá Cap. VI - VIII

Reconocimiento y Gratitud

La segunda parashá del libro Vaikrá abunda en reglas acerca de las ofrendas y sacrificios que se habría de realizar el pueblo de Israel habría de realizar cuando tuviese su templo instituido en Jerusalém -(Beit Mikdásh-). Entretanto, las ofrendas eran realizadas en el Mishkán, el Santuario que viajaba junto con el pueblo a lo largo de todo el periplo que lo llevaría hasta la tierra de promisión.

"Un hombre que ofrezca ofrenda", comienza diciéndonos una de las ordenanzas de esta parashá.

Es el hombre, explícitamente, quien ofrece la ofrenda. No es posible ofrecer una ofrenda a Dios si antes no se es un "hombre" completo. No son los sacrificios el medio inmediato para acercarse a Dios, por consiguiente, sino el ser hombre; ser eso que tan claro queda cuando el idish dice "mentsh": recién entonces, uno es digno de ofrecer un sacrificio al Creador. A su vez, parecería expresarnos el versículo que la persona logra consumar su condición de "hombre", de "mentsh", recién cuando aprende e incorpora la actitud de sacrificio. La Torá nos enseña, de este modo, que no basta con recibir; sacrificar, dar, entregar, renunciar, son vías para completar definitivamente nuestra condición humana.

Nuestra parashá nos habla, en particular, de una especie singular de sacrificio: el Korbán Todá, u Ofrenda de Gratitud. Esta debe ser ofrecida a Dios en una amplia gama de ocasiones, como ser luego de una salvación física, cuando se estuvo bajo riesgo de muerte, luego de un milagro personal o comunitario, luego de un parto, después de un nacimiento.

El verbo hebreo "lehodót" tiene dos significados complementarios: es tanto "reconocer" como "agradecer". Y es que el uno implica al otro; no se puede agradecer sinceramente aquello que no se ha reconocido; mientras que reconocer el favor del prójimo y no agradecerlo difícilmente obedezca a la espontaneidad del impulso moral.

La gratitud debe ser, no menos en la relación con Dios que respecto de todo prójimo, un fundamento en la vida de la persona, que le ayudará a convivir en sociedad.

Todos los hombres dependen entre sí, y en particular, como reza el versículo, "todos los integrantes de Israel son responsables los unos por los otros"; agradecer es manifestar la conciencia de ese lazo de compromiso y dependencia que nos une al benefactor.

Esta es la actitud que debemos lograr en la vida cotidiana, no menos en la relación con los hombres que en nuestra relación con el Creador.

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