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Parashat Shoftím:
Dvarím Cap. XVI:18 - XXI:9

¿Qué se necesita para un gobierno ideal?

Siguiendo la temática de todo el libro Devarím, que es la elaboración de la sociedad ideal en la tierra de Israel, esta parashá se plantea qué necesita un grupo de personas para adquirir carácter de "sociedad".Ý¿Es suficiente, acaso, hablar el mismo idioma, habitar espacios contiguos y servirse de referentes comunes?

A esta pregunta responde la Torá enumerando los pilares que sostendrán a una sociedad armónica; pilares sobre los que ésta se apoyará para crecer y para dirimir sus conflictos, para aplicar la justicia e incluso para compartir y edificar sueños e ideales en común.

"Jueces y policías pondrás para tí en todas las ciudades que el Eterno tu Dios asigna a tus tribus (...)". Una sociedad requiere, en primer término, y siendo poseedora ya de una Ley, de un Poder Judicial. Jueces (shoftím) que disciernan entre cumplimiento y transgresión, que sean capaces de interpretar la Ley, de traducirla a cada coyuntura y de crear jurisprudencia a partir de ella. A lo largo de la historia judía ha habido magníficos tribunales y, en otras ocasiones, tal como en la época en que vivimos, el rol de jueces es desempeñado por filósofos, estudiosos y rabinos. Lo constante se mantiene más allá de la forma: sólo puede ejercer justicia para los demás quien dedica mayormente su vida a la sabiduría y la santidad.

En segundo término, los policías (shotrím), el brazo ejecutor de la Ley, encargado de trasladar la sentencia del juez desde el plano de la teoría al de la realidad, proporcionándole la imprescindible coercitividad.

Paralelo a los jueces y por encima de los policías, se encuentra la figura del Rey, (mélej) persona o institución encargada de dirigir y adminstrar la aplicación efectiva de la Ley. La figura del Rey tiene por cometido procurar que, a más de tener una Ley, la comunidad haga uso de ella. También aquí, como siempre, prima en la Torá el criterio de realidad: un hombre no será considerado bueno por las buenas intenciones que dice tener, sino por las buenas acciones que realiza.

El tercer pilar de una sociedad lo constituye la figura del Cohén, el sacerdote. El representa a la tradición, a las raíces y la historia de una comunidad. Ningún individuo, y especialmente ninguna comunidad, puede vivir armónicamente desarraigada de su pasado; la identidad afirma sus raíces en la profundidad de la memoria. Y es el Cohén quien debe centralizar la vida espiritual y religiosa del pueblo, y garantizar su continuidad.

La proyección común hacia el futuro no es menos imprescindible que la referencia colectiva hacia el pasado para la existencia de una sociedad. Por ello, el profeta o "Naví" es la figura encargada de oficiar como antena individual para los sueños y deseos de toda la comunidad. El "Naví", cuarto y último pilar de la sociedad ideal que plantea la Torá, es quien anima de esperanza los sueños de los demás, marcando emocionalmente el camino del pueblo de Israel; encendiendo, cuando se torna necesario, la chispa que transforma la pasión en voluntad.

Los cuatro pilares que enumera la Torá son necesarios para la existencia de una sociedad armónica, tanto como imprescindibles para la comunidad, para la familia y para cada individuo que busca desarrollarse y crecer con dignidad en el camino de Dios. Ni una persona ni una sociedad puede vivir armónicamente si carece de normas éticas y morales, así como de un marco conceptual de referencia a partir del cual desarrollar su vida y este marco será inútil si no se lo lleva a la práctica a través de mecanismos que lo tornen obligatorio en la realidad.

Finalmente, sujetos al tiempo a través del que transcurren nuestras vidas, se torna inviable para todo hombre o comunidad crear una identidad y vivir en armonía, si se carece de una relación sistemática con las raíces propias que emergen del pasado, o si la expectativa de futuro y la energía vital que fermentan en la esperanza y la fé están ausentes de nosotros.

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