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Parashat Pinjás: Para gobernar se ha de comprender y guiar a cada uno de los gobernados La sucesión de Moshé en el liderazgo de Israel es el tema central de esta parashá. Moshé sabe que va a morir, y ruega a Dios la elección de un sucesor que guíe al pueblo cuando él ya no esté. "Y le respondió Moshé al Eterno: Designe el Eterno, Dios de los espíritus de toda carne, a un hombre que dirija la congregación; un hombre que pueda llevarla, traerla y conducirla, para que el pueblo de Israel no quede como rebaño sin pastor". Moshé no se preocupa por sí mismo sino por el pueblo, le angustia la posibilidad de que éste se encuentre sin un líder que lo sepa guiar. Moshé conoce al pueblo; lo ha dirigido durante cuarenta años. Ahora ruega a Dios elegir, en vida, a quien le sucederá en tan difícil misión. Moshé quiere participar de la elección del nuevo líder, quiere asegurarse de que se trate de alguien acorde a las necesidades del pueblo; desea poder instruirlo y entrenarlo; para adquirir la convicción de que todo el esfuerzo que ha invertido durante todos esos años no habrá sido en vano y no se perderá por falta de quien lo pueda continuar. Moshé especifica las cualidades que habrá de tener su sucesor. Ante todo, deberá ser un "hombre (que esté) sobre la congregación", que atienda y entienda lo que sucede en el pueblo. Debe tratarse de un hombre sensible a las necesidades y las expresiones de la gente. Debe ser sincero y tener una profunda voluntad de ayudar al prójimo en todo momento. "Un hombre que pueda orientar y dirigir al pueblo según sus necesidades". Quien suceda a Moshé en el liderazgo de Israel debe tener una línea y objetivos claros, pero tambien debe tomar en cuenta y saber canalizar las necesidades e inquietudes de sus liderados. Rashí analiza que la persona que busca Moshé debe ser capaz de demostrar sensibilidad hacia cada individuo. "Dios, tú conoces el carácter de cada persona y sabes que uno no es igual a su prójimo. Designa un pastor que sepa concebir y entender a cada uno de ellos en forma individual". Así desgrana Moshé su deseo, sintiendo desde su experiencia que si bien el líder ha de dirigir a un ser colectivo, sólo sabiendo llegar a cada individuo por separado se puede dirigir eficazmente a una congregación. Moshé reclama también para la congregación "un hombre que pueda llevarla, traerla y conducirla", un dirigente que acompañe a su pueblo, que "salga y entre junto con él". No quiere un dirigente como los que tienen otros pueblos, que envían a sus ejércitos a las guerras mientras permanecen cómodamente en sus palacios. En el pueblo de Israel, el rey o quien ocupa el lugar de liderazgo, sale a la guerra a la cabeza de sus ejércitos. Al día de hoy, al salir al campo de batalla, el oficial del ejército israelí dice "Ajarai" ("Detrás de mí") y sale a la cabeza de sus soldados. Pero no se trata sólo de "llevarla" sino también de "traerla". Llevar a un pueblo a la guerra es relativamente fácil. Donde la mayoría fracasa es en traer al pueblo de retorno a la normalidad, tanto física como psicológica y espiritualmente. El hombre que Moshé busca como su sucesor es el prototipo del líder auténtico, realmente comprometido con la suerte de quienes depositan en él parte de sus destinos; conciente siempre de los objetivos cuya realización debe dirigir, y capaz de proyectar y responsabilizarse por las consecuencias de cada emprendimiento en que pretenda ser secundado por su comunidad.
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