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Parashat Noaj: ¿Busca realmente a Dios quien espera encontrarlo en una cima material? En esta parashá, los habitantes de la Tierra buscan acercarse a Dios erigiendo una gran torre material. Ignorando la imposibilidad de sujetar a la distancia física la proximidad entre creatura y Creador, apelan a la altura material para acercarse a él: "Edifiquemos una ciudad y una torre cuya cúpula llegue al cielo y nos haga famosos, para que no seamos dispersos sobre la faz de la tierra". La ingenuidad de la de la propuesta se hace patente en la irónica reacción del Creador: "Bajemos y confundamos las lenguas para que no puedan entenderse más entre sí". Dios parece sonreír ante la pretensión humana de arribar al cielo, o siquiera merecerlo, a través de una escalera material. Este episodio se ha repetido constantemente a lo largo de la historia. Infinidad de hombres han apelado a distintas formas de liderazgo, buscando una gloria trascendente de lo material a través del poder terreno. Se ha buscado infinitamente la deificación personal a través del poder sobre otros hombres, apelando a imágenes y discursos apoteósicos, triunfalistas y escatológicos. Y tristemente - tal la vigencia conceptual de la Torá,- ésto mismo sigue sucediendo hoy. El objetivo que se proponían los constructores de la Torre de Babel aparentaba ser especialmente positivo: buscaban unirse, no dispersarse, acercarse al Creador, lograr conjuntamente una elevación espiritual, colectiva e individual. No obstante el carácter positivo de su propósito, éste fue echado por tierra por decisión del Creador. Según expresan numerosos exégetas bíblicos, la paradoja radicaba en que una torre, un edificio material, tiende a causar separación y situaciones conflictivas entre las personas, antes bien que a unificarlas alrededor de un propósito espiritual. Una edificación a cuyo alrededor se aglutinase una comunidad, una ciudad, un idioma, una ideología y hasta un conjunto homogéneo o no de manifestaciones culturales, no son vía capaz de guiar a una comunidad hacia una comunión espiritual, sincera y permanente. Existe una diferencia radical entre la construcción de esta Torre, que se pretendía objetivo en sí misma, y la función que cumplen las Sinagogas hoy en día y desde la época del Talmud. La Sinagoga (Beit Knéset en hebreo, casa de reunión) es la entrada, el portón desde el cual las personas, individualmente, suman sus energías y plegarias y las dirigen a lo alto. Son las plegarias, así como la energía e intención con que son pronunciadas y meditadas, el real sujeto de elevación; no la Sinagoga, ni sus paredes y sus símbolos materiales. La Torre de Babel tenía la pretensión de ser ella misma, piedra sobre piedra, la entrada a un Cielo al que, la pretensión de hacer ingresar una piedra, constituye una grosera profanación. Para el judaísmo, el Beit-Knéset constituye un medio aglutinante para la consumación de un objetivo común, que se realiza en cada idividuo a través de la comunidad. En la Torre de Babel, el medio se transformó en objetivo, y degeneró en confusión. La estructura de este ejemplo es igualmente útil para analizar diferentes niveles de la vida humana. Según expresa el Talmud, "cuando existe amor entre el hombre y la mujer, hasta el grosor de una espada es suficiente; cuando el amor no existe, ni aún un palacio les alcanza". La morada es un medio, una herramienta de arraigo, pero jamás sustituye a lo que en ella habrá de morar.
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